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| de Gabe Gallager |
Con cierta frecuencia aparece por la sede de la micológica algún que otro aficionado, y que envueltas en una servilleta de papel, nos enseña sigilosamente las setas recolectadas durante un paseo con el perro por el campo. Generalmente por la montaña. Y la pregunta recurrente no es si esas setas se consumen, sino: “¿Son monguis?”
Y como dentro de la Asociación son pocos los aficionados con la experiencia precisa para la identificación correcta de los monguis es lo que nos anima a preparar un pequeño resumen para un mejor conocimiento del género Psilocybe sin tener que recurrir a experiencias personales.
La descripción física
En zonas templadas de León, que no tiene por qué ser el de Guanajuato, en pastizales y bosques, con abundante materia orgánica, humus, estiércol o restos de madera en descomposición, es en donde podemos encontrar estas especies, que se desarrollan tanto de manera aislada, como agrupada o fasciculada. De pequeño tamaño, pero muy variable, desde medio hasta casi 3 o 4 cm de diámetro del sombrero, que es cónico, campanulado y frecuentemente con mamelón. Este sombrero es de coloraciones blanquecinas, crema, amarillentas, beige, canela, grisáceas o amarronado claro. Algunas especies, o con el tiempo, toman tonos más oscuros. Las láminas son adnatas de colores grises o claros, pero que también toman coloraciones más oscuras con el desarrollo consecuencia de las esporas depositadas en las láminas y que presentan tonos violáceos y oscuros. El pie es más claro que el sombrero, en ocasiones largo, pero siempre frágil y algunas veces, anillado. Ocasionalmente desprenden un olor a harina o a hierba fresca. Se desarrollan los monguis en nuestro medio desde final de primavera hasta entrado el invierno, requiriendo como casi todas las setas temperatura y humedad abundante. Frecuentemente se trata de especies coprófilas.
(Continuará. Y se hará lo posible por que sean capítulos consecutivos)


Buenos días, también en Italia es relativamente fácil encontrarse con Psilocybe semilanceata. En el Valle Camonica (región de Lombardía), por encima de los mil metros y con la llegada de los primeros fríos, es posible encontrarla. El Valle Camonica es conocido por sus antiquísimas inscripciones rupestres (que se remontan ya al Mesolítico). Un micoetnólogo, Giorgio Samorini, ha planteado la hipótesis de que el uso con fines espirituales de estos hongos alucinógenos se remonta ya a aquellos tiempos lejanos, ya que existen figuras grabadas en la roca con cabezas particularmente dilatadas, mientras que de sus cuerpos parten algunos elementos muy similares a las siluetas de una Psilocybe. Sin embargo, tales hipótesis aún no han sido confirmadas de manera sólida.
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