jueves, 16 de abril de 2026

El género Psilocybe (Capítulo III)

 



León no tiene todavía bosques subtropicales, hogar primigenio de los Psilocybes. Pero eso no quiere decir que no haya alguna especie en la provincia. Basta una pradera con abono animal y la época y condiciones adecuadas, para acudir a la Asociación con algunas especies envueltas en una servilleta de papel, y preguntar.

Pasada revista a los grandes libros y webs de consulta micológica, de la Provincia, de la Comunidad, del País y del Continente, no llegan en ningún lado a una docena las especies de Psilocybes mencionadas y menos de la mitad, las descritas, que podrían recogerse e identificarse en la provincia de León. Pero muchas son las reseñadas, sin la pertinente seguridad de encontrar en ellas presencia alguna de los principios psicotrópicos que caracterizan los auténticos monguis.  Son especies habitualmente coprófilas y entre ellas las Psilocybes coprophila, merdicola, montana y rhombispora. Tan solo mencionarlas. No se tiñen de azul al apretarlas y manosearlas, características propias de la psilocina.

En la actualidad está prohibido el tráfico y consumo de psilocybes, tanto en fresco como secos, hasta en la mismísima Holanda. No pasa igual con el micelio y las esporas, que no contienen psilocibina, y que son la base de los kits de cultivo.

Las especies leonesas

Psilocybe merdaria (Fr.) Ricken

de english fungii
 

Con las características propias del género se desarrolla sobre los excrementos recientes de herbívoros entre el verano y el otoño. Se diferencia de psilocybes similares al poseer una zona semianular neta y tener esporas hexagonales, con basidios tanto tetraspóricos como bispóricos en el mismo hongo.

Psilocybe semilanceata (Fr.) Kumm

de magic mushrooms

 

El más frecuente de los Psilocybes silvestres en la provincia de León, puede considerarse como una especie nativa del continente europeo. Su contenido en psilocibina alcanza los 10 mg por gramo de hongo seco. Y un gramo de hongo seco se corresponde con 12 o 15 ejemplares frescos. No es coprófilo, aunque se suele desarrollar en praderas de montaña bien nitrogenadas, alcanzando el pie, frecuentemente flexuoso, hasta los 20 cm. Puede encontrarse desde finales de primavera hasta principios del invierno, aguantando heladas suaves.

Psilocybe hispánica Guzmán

de I-naturalist
 

Se trata de una pequeña especie, similar a los ejemplares incipientes de la especie anterior, de la que podría considerarse una variedad. Se desarrolla sobre excrementos de vaca o de caballo generalmente en los altos pastos de montaña.

(Continuará. Y se hará lo posible por que sean capítulos consecutivos)

domingo, 12 de abril de 2026

El género Psilocybe (Capitulo II)

 

 

de Gabe Gallaher

Repartidos por todo el mundo, habitualmente en los húmedos bosque subtropicales, el género Psilocybe agrupa a más de 300 especies conocidas, y de ellas casi un tercio son psilocibios, con diferentes principios psicotrópicos, siendo en México donde se encuentran un mayor número de especies y variedades y donde más y mejor se han estudiado sus compuestos psicoactivos y alucinógenos con las investigaciones de Gordon Watson y Valentina Pavlovna en 1952, con la colaboración necesaria de una chamana mazateca, la conocida María Sabina, y siguiendo los pasos  que en 1938 dieron Irmgard Weitlaner y Jean Basett Johnson al respecto. La guinda acabó poniéndola Gastón Guzmán (ver <La biblioteca micológica> del 12 de julio de 2017) que acabó identificando y dando apellido a más de la mitad de las especies del género.

Los principios químicos

Estos compuestos psicoactivos, origen de que por la Asociación nos sea requerida su identificación, son fundamentalmente los siguientes:

Psilocibina, aislada por Hoffman en 1957, a partir de psilocybes traídos de México y cultivados por Heim, es un éster fosfórico del que deriva la psilocina. La presencia de psilocibina disminuye en cantidad con el calentamiento y la desecación.

Psilocina, causante primordial de la actividad psicotrópica al unirse en el SNC con los receptores de la serotonina u “hormona de la felicidad” y bloqueando sus efectos. Es el compuesto que da el color azul-añil, más intenso cuanto más abundante sea en la especie determinada.

Baeocistina y norbaeocistina, ambos derivados de la psilocibina, y con un más que dudoso efecto psicoactivo aisladamente, pero de efecto potenciador con la psilocina. Aunque sus efectos han sido poco estudiados. Se anima a los socios a ello.

 

Pero, y como siempre hay un pero, estos alcaloides triptamínicos de efecto psicotrópico y alucinógeno, no solo se encuentran en los psilocybes. Hay otras setas, en las que no está prohibida por imperativo legal su venta, tráfico y consumo, tal y como son algunas especies de Gymnopilus, Paneolus, Hypholomas, Pluteus, Mycena, Galerina y Pholiota entre otras, que pueden contener estos mismos compuestos. Estos dos últimos géneros, que pueden ser mortales, son los más frecuentemente confundidos con los Psilocybes. De ahí la importancia que tenemos en la Asociación de diferenciarlos correctamente. ¡Venga, venga, sin cejar en el empeño!

 

(Continuará. Y se hará lo posible por que sean capítulos consecutivos)

martes, 7 de abril de 2026

El género Psilocybe (Capítulo I)

 

de Gabe Gallager


Con cierta frecuencia aparece por la sede de la micológica algún que otro aficionado, y que envueltas en una servilleta de papel, nos enseña sigilosamente las setas recolectadas durante un paseo con el perro por el campo. Generalmente por la montaña. Y la pregunta recurrente no es si esas setas se consumen, sino: “¿Son monguis?”

Y como dentro de la Asociación son pocos los aficionados con la experiencia precisa para la identificación correcta de los monguis es lo que nos anima a preparar un pequeño resumen para un mejor conocimiento del género Psilocybe sin tener que recurrir a experiencias personales.

La descripción física 

En zonas templadas de León, que no tiene por qué ser el de Guanajuato, en pastizales y bosques, con abundante materia orgánica, humus, estiércol o restos de madera en descomposición, es en donde podemos encontrar estas especies, que se desarrollan tanto de manera aislada, como agrupada o fasciculada. De pequeño tamaño, pero muy variable, desde medio hasta casi 3 o 4 cm de diámetro del sombrero, que es cónico, campanulado y frecuentemente con mamelón. Este sombrero es de coloraciones blanquecinas, crema, amarillentas, beige, canela, grisáceas o amarronado claro. Algunas especies, o con el tiempo, toman tonos más oscuros. Las láminas son adnatas de colores grises o claros, pero que también toman coloraciones más oscuras con el desarrollo consecuencia de las esporas depositadas en las láminas y que presentan tonos violáceos y oscuros. El pie es más claro que el sombrero, en ocasiones largo, pero siempre frágil y algunas veces, anillado. Ocasionalmente desprenden un olor a harina o a hierba fresca. Se desarrollan los monguis en nuestro medio desde final de primavera hasta entrado el invierno, requiriendo como casi todas las setas temperatura y humedad abundante. Frecuentemente se trata de especies coprófilas.



 Pero, y como siempre hay un pero, en muchos casos los psilocybes, con el roce, el corte y la manipulación, toman característicamente coloraciones verde azuladas, patognomónico y consecuencia de la oxidación de sus compuestos químicos. Tal y como ocurre en algunos Boletus. En estos es el boletol. En la psilocybes es la psilocina.

 

(Continuará. Y se hará lo posible por que sean capítulos consecutivos)

 

 

 

 

 

 

 

Con cierta frecuencia aparece por la sede de la micológica algún que otro aficionado, y que envueltas en una servilleta de papel, nos enseña sigilosamente las setas recolectadas durante un paseo con el perro por el campo. Generalmente por la montaña. Y la pregunta recurrente no es si esas setas se consumen, sino: “¿Son monguis?”

Y como dentro de la Asociación son pocos los aficionados con la experiencia precisa para la identificación correcta de los monguis es lo que nos anima a preparar un pequeño resumen para un mejor conocimiento del género Psilocybe sin tener que recurrir a experiencias personales.

 

La descripción física

 

En zonas templadas de León, que no tiene por qué ser el de Guanajuato, en pastizales y bosques, con abundante materia orgánica, humus, estiércol o restos de madera en descomposición, es en donde podemos encontrar estas especies, que se desarrollan tanto de manera aislada, como agrupada o fasciculada. De pequeño tamaño, pero muy variable, desde medio hasta casi 3 o 4 cm de diámetro del sombrero, que es cónico, campanulado y frecuentemente con mamelón. Este sombrero es de coloraciones blanquecinas, crema, amarillentas, beige, canela, grisáceas o amarronado claro. Algunas especies, o con el tiempo, toman tonos más oscuros. Las láminas son adnatas de colores grises o claros, pero que también toman coloraciones más oscuras con el desarrollo consecuencia de las esporas depositadas en las láminas y que presentan tonos violáceos y oscuros. El pie es más claro que el sombrero, en ocasiones largo, pero siempre frágil y algunas veces, anillado. Ocasionalmente desprenden un olor a harina o a hierba fresca. Se desarrollan los monguis en nuestro medio desde final de primavera hasta entrado el invierno, requiriendo como casi todas las setas temperatura y humedad abundante. Frecuentemente se trata de especies coprófilas.

 


 

Pero, y como siempre hay un pero, en muchos casos los psilocybes, con el roce, el corte y la manipulación, toman característicamente coloraciones verde azuladas, patognomónico y consecuencia de la oxidación de sus compuestos químicos. Tal y como ocurre en algunos Boletus. En estos es el boletol. En la psilocybes es la psilocina.



(Continuará. Y se hará lo posible por que sean capítulos consecutivos)


sábado, 4 de abril de 2026

Guerra de marzuelos

 


Alguno ya insertó en el whatsapp de Seteros de San Jorge la primicia de la noticia del día pero, como yo me había comprometido a hacer la reseña de la salida para este blog, no me puedo echar atrás.

Tras algunas escaramuzas en marzo e incluso en febrero hoy se presentó la primera batalla en “guerra no declarada oficialmente al Marzuolus” pero resultó tener solo lo que podríamos definir como una victoria pírrica. Los vencedores la ganaron por cuatro ejemplares encontrados y la satisfacción de hallarlos y matar el gusanillo pero, en contraposición, las tropas sufrieron un desgaste en el gasto de combustible y en sus fuerzas y la desolación al ver los aledaños del pinar quemados y la madera apilada de árboles talados para aprovechar los despojos de los incendios del verano. ¡Desolador!

 


 

 
 
 
  No llegamos a diez personas los que acudimos al lugar de Riocamba, ávidos de la codiciada seta de marzo. Se preveía una avalancha pero no fue así, tal vez por los comentarios desalentadores previos al evento o reservar fuerza para las procesiones y la limonada. En los prolegómenos se oía que, si por lo menos pudiéramos ver un ejemplar, la salida estaría justificada y ya sería un motivo de satisfacción y… así ocurrió, ante todo para aquellos que no los habían visto nunca. Barruntábamos que el suelo estaría seco y así lo vimos. La idea básica de la excursión, que no nos habíamos decidido a hacer antes por diversas circunstancias, era que los socios vieran por sí mismos la realidad y que tuvieran la posibilidad de ver el codiciado tesoro primaveral. La asociación no se achanta.

Personalmente he sacado una conclusión: se dieron las circunstancias y condiciones para que estas setas salieran, pues había llovido lo suyo y había humedad y temperatura suficiente pero, ¿qué ha ocurrido? Nadie lo sabe. Conclusión: algo raro está pasando. 

 

 

 


 

En mi apreciación personal, puedo decir que hoy hemos visto indicios de que el Marzuolus puede aparecer todavía aunque de forma tardía o fuera de tiempo si le diera por llover en unos días y el bosque se aprovechara de la buena temperatura y la humedad de las primeras semanas de abril como preludio a los perrechicos. Los indicadores se observan en la cantidad de chivatos del Marzuolus como los elegantes Erythronium dens canis que hoy proliferaban, algunos sin flor pero otros muchos con ella.

¡Ánimo, no desfallezcáis!

Rafael Gallego