
Domingo 7 de junio de 2009.
EN FASGAR
Las 9:30 de la mañana. Me asomo a la ventana que da al corral de mi casa para intentar averiguar lo que nos deparará el día, en lo que a climatología se refiere.
Hace frio, la niebla espesa y gris predispone el ánimo hacia la nostalgia.
Aún así, me dispongo a salir al monte, fuente inagotable de sorpresas que, entre otras cosas, apaciguan el espíritu. Despues de vacilar un poco sobre la ruta a seguir, decido encaminarme a una zona húmeda y umbría. Camino sin prisa, la brisa fria se deja sentir en la cara. Al poco rato me adentro en una maraña de abedules, avellanos, capudres y fresnos (en la parte mas baja).

Escucho el canto de los pájaros, en especial el del cuclillo, señal inequívoca -según la sabiduría popular- de que en los próximos días mejorará el tiempo...... Encuentro un nido vacío – las crías habrán alcanzado ya cierto grado de madurez y empiezan el proceso inevitable de emancipación- ; y allí, justo al lado, en un tocón de fresno, observo un Trametes Gibbosa bastante envejecido.
Las marcas de los jabalíes que buscan alimento, se hacen patentes a lo largo del trayecto.
Las nubes amenazan con descargar de forma inminente, el aire es cada vez mas frio.
Decido empezar a descender y cuando llego a los pastizales estercolados, puedo ver cómo despunta una Bovista sp. Me detengo un momento para admirar la frágil belleza de dos amapolas amarillas junto al arroyo.
Son las 13:15, la lluvia que da vida empieza a caer. Es hora de volver a casa........
Raquel Alvarez Alvarez

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